Ildefonso Falcones: el abogado que hizo hablar a las piedras medievales

En un país donde los quijotes abundan pero pocos sobreviven a la rutina del bufete, Ildefonso Falcones decidió que la toga no era suficiente. Como si la historia de España le pesara más que los códigos civiles, este abogado barcelonés cambió el juicio por la narración y el recurso de casación por la recreación de catedrales góticas, persecuciones inquisitoriales y esclavos con sed de libertad. Su prosa no es neutra ni equidistante: sus novelas no se limitan a contar lo que pasó, sino que hacen que lo que pasó nos mire de frente, como una gárgola burlona que aún cuelga del techo de Santa María del Mar.

El best seller que nació del subsuelo

Publicada en 2006, La catedral del mar no fue simplemente una novela histórica: fue una especie de conjuro editorial. En tiempos donde la novela histórica parecía un género reservado para eruditos con gafas de pasta, Falcones demostró que la historia podía ser pop sin perder la dignidad. Como un guía turístico con alma de trovador, nos llevó a una Barcelona del siglo XIV donde la pobreza olía a estiércol, el poder se disfrazaba de sotana y la libertad era tan inalcanzable como la cima de una bóveda gótica.

Arnau Estanyol, su protagonista, no es un héroe clásico. Es más bien un símbolo: del pueblo frente al poder, del individuo ante el sistema, del barro que se atreve a tocar el cielo. Que la novela haya vendido millones y haya sido traducida a más de 40 idiomas no es un accidente: es la prueba de que las piedras también pueden contar historias… si se sabe escucharlas.

Una pluma contra el olvido

Ildefonso Falcones no se ha quedado en el siglo XIV. Su obra posterior ha viajado a través de los siglos como un peregrino testarudo. En La mano de Fátima, pone el dedo en una de las llagas más dolorosas del alma hispánica: la expulsión de los moriscos. La antítesis es brutal. Un país que se autoproclama cristiano mientras expulsa a sus propios ciudadanos en nombre de la fe. Hernando, el protagonista, no solo lucha contra la intolerancia: lucha por la posibilidad de ser dos cosas a la vez. Morisco y español. Creyente y escéptico. Humano y… humano.

En La reina descalza, Falcones vuelve a las márgenes, esta vez para contar la historia de una esclava negra y una gitana en la Sevilla del siglo XVIII. Dos mujeres sin lugar en una sociedad que las desprecia por existir. Y sin embargo, su amistad –y su lucha– se imponen como una flor que crece entre las grietas de una prisión barroca.

Historia como espejo roto

Lo más fascinante de Falcones es su capacidad para mostrar cómo el pasado es un espejo roto en el que aún nos reflejamos. En Los herederos de la tierra o El pintor de almas, las tensiones sociales no han desaparecido: solo han cambiado de nombre. La desigualdad, la corrupción, la violencia de los poderosos… todo sigue ahí, como un eco que se niega a morir.

En Esclava de la libertad, su mirada salta al Caribe del siglo XIX para recordarnos que España también tuvo colonias donde la libertad era una promesa en voz baja. La historia de dos mujeres esclavizadas no es solo una denuncia: es un acto de memoria, un intento de rescatar del silencio las voces que la historia oficial prefirió no escuchar.

El último asalto de los Estanyol

En el amor y en la guerra (2025), la tercera entrega de la saga de La catedral del mar, no es solo una continuación: es un testimonio de fidelidad narrativa. Falcones vuelve a los Estanyol como quien visita una tumba familiar con flores frescas. La Barcelona que describe ya no es la misma, pero la lucha por la dignidad sigue tan viva como siempre. Porque si algo enseña su obra, es que cada generación tiene su propia catedral que construir… y su propia Inquisición a la que enfrentarse.

¿Legado o resistencia?

¿Es Ildefonso Falcones un gran escritor o simplemente un narrador eficaz? La crítica no se ha puesto de acuerdo. Algunos le reprochan cierto esquematismo; otros lo elevan como maestro del género. Pero tal vez esa dicotomía sea, en sí misma, parte de su mérito. Como un puente entre el lector masivo y la historia olvidada, Falcones ha logrado lo que muchos académicos sueñan y pocos consiguen: que millones lean sobre siglos que creían ajenos.

Y lo ha hecho sin renunciar a la humanidad de sus personajes, sin convertir la historia en sermón. Con tramas que avanzan como río crecido y personajes que sangran, dudan y aman con una intensidad incómoda. En un mundo cada vez más ansioso y desmemoriado, su obra es un recordatorio de que el pasado no está muerto: solo espera a que alguien lo despierte con palabras.

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